No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

domingo, 1 de mayo de 2011

La mort de Bèlgica de Marc Gafarot, y en busca de Cataluñistán

Hace unos años, preparando un viaje a Escocia recuerdo haber leído El mirall escocès de Xavier Solano (Ed Dèria). Aquel libro contaba nada menos que con un prefacio del en aquel momento pujante Alex Salmond (actual Ministro Principal de Escocia y líder del nacionalismo escocés) y el prólogo de Ramon Tremosa, una de las caras más conocidas del independentismo catalán conservador. Aquel libro tenía como objetivo explicar la realidad escocesa desde una visión nacionalista para así compararla con la catalana importando el modelo. Eran los tiempos en los que los independentismos se cansaban de poner la vista en el proceso del Québec y buscaban vías más directas y eficaces. El cansancio y la realidad han paralizado aquellos bríos del nacionalismo escocés para quedar aparcados sin fecha y he aquí que las ansias de las diversas “independencias” ponen sus ojos en Flandes como modelo a seguir. Se diría que el independentismo es un fin en sí mismo por encima del objeto de dicha independencia (en este caso Cataluña), algo así como ser “independizador” más que independentista (tema tratado en este blog en distintas entradas pero más en concreto http://elpolemista.blogspot.com/2011/01/la-nacion-inventada-de-arsenio-y.html). Y es en este contexto en el cual la misma editorial Déria publica La mort de Bélgica de Marc Gafarot i Monjó con la misma intención de aplicar el modelo de separación flamenco a Cataluña. La obra, como no podía de ser de otra manera cuenta con el prólogo de Eric Defoort, Presidente de la Alianza Libre Europea a la que pertenece su partido N-VA del polémico Bart De Wever y la presentación otra vez de Ramon Tremosa. Diez capítulos bien ordenados, una breve  conclusión, un útil anexo explicativo de los diferentes partidos políticos flamencos y una escasa y nada cuidada bibliografía conforman La mort de Bélgica. En realidad la gran parte del libro está dedicada a la explicación histórica y desarrollo del país, en ocasiones con éxito y en otras no tanto. Desconozco si es fruto del subconsciente del autor pero hay momentos que inducen a la sonrisa cuando no al asombro como este: “La dominació de la línia austríaca espanyola sobre Flandes es va acabar de consumar amb la pujada al tro del futur emperador Carles V”. Para colmo el título de este apartado que explica el periodo del Emperador lo titula La dominació castellana. (¡Si los Comuneros levantaran la cabeza!). No es el único desliz, cuestiones referentes al colaboracionismo belga en las invasiones alemanas del XX son más propias de un panfleto inspirado por Bart De Wever que de la descripción de los hechos históricos: “Estudis recents demostren que el fenomen de la colaboració amb l’ocupant nazi va a ser quantitativament i qualitativament molt similar pel que fa a les dues comunitats”. Esto explica la sorprendente justificación que realiza de la organización nazi VNV (Vlaamsch Nationaal Verbond), o del  Verdinaso. Intentar crear una historia a medida del interés político es una constante en muchos de los imaginarios nacionalistas pero intelectualmente es inaceptable.
Pero independientemente de la debilidad del libro en cuanto a su documentación histórica, el tema explicativo del sistema político belga no solo está bien tratado sino que además de una manera pedagógica y clara puede ser una buena opción para conocer los entresijos del conflicto belga y que se suma al excelente Belgistán de Jacobo de Regoyos (Ed Ariel y comentado aquí http://elpolemista.blogspot.com/2011/03/belgistan-de-jacobo-de-regoyos-y-el.html) para dar al lector español (el primero editado en catalán y el segundo en castellano) una visión completa del asunto.
Las conclusiones finales que realiza Marc Gafarot son de nuevo una justificación al objetivo de su libro que queda perfectamente registrado en la siguiente frase: “El victimisme immòbil català del passat està deixant lloc a una vindicació, i aquí cal esmentar activa, de la nostra relació amb Espanya. Nosaltres hem de redrecar l’autoestima i pregar a Déu que els castellans (pobres però honrats) ens facin fora d’Espanya d’una vegada i per totes. Malgrat tot no dubto que guanyarem! Mentalitats i actituds comencen a canviar en el nostre paìs. I aquí m’aturo, segueixo amb Flandes”
Esta sentencia no hubiera resistido una revisión bienintencionada del libro.
Pero volviendo al principio de este artículo, algo grave está ocurriendo cuando las frustraciones del independentismo catalán más extremo (y ahora por primera vez trasversal) utilizan una dialéctica tan agresiva que en efecto, parece más propia de los dirigentes de la Alianza Neo-Flamenca  (N-VA) que del mucho más moderado Scottish National Party. Y es curioso, porque en ambos casos puede acabar llevando a la más pura y dura decepción. En el libro sobre Escocia de Xavier Solano se partía de la premisa de que se abría una nueva etapa donde la separación de Inglaterra era inevitable. La realidad ha terminado por demostrar que las contingencias económicas y políticas o especialmente el contexto en el que se enmarcan son completamente decisivas a la hora de culminar esos procesos, y viendo el cariz que está tomando la situación de Bélgica me temo que el nuevo tiempo de independencia flamenca que aventura Marc Gafarot va a ser más traumático de lo que los nacionalistas desearían. Y es que “la amenaza” de no acuerdo de gobierno y consiguiente bloqueo del país que ha sido la base de la estrategia de Bart De Wever como antesala de unas elecciones anticipadas que fortalecería aun más su posición se puede encontrar con la negativa europea a convivir con un foco de tensión e inestabilidad crónica con posibles consecuencias en los mercados internacionales y por extensión peligrosa para la economía europea. Y eso sin contar que un país encantado de que “nunca les pase nada” podría asustarse ante un escenario muy conflictivo y exigiera un acuerdo de mínimos que pospusiera una vez más la solución definitiva (si es que esta existe).

Hace unos años el genial Hugo Claus (recomendable su La pena de Bélgica si se quiere comprender el “alma flamenca”) definía así la relación entre valones y flamencos:
«Bélgica es un país muy pequeño que fue creado de una forma totalmente artificial. No fue el resultado de una necesidad vital. Bélgica es un malentendido. En 1830 Francia, Inglaterra y Alemania se dijeron que debería haber una zona neutra, entonces fueron a buscar a un señor griego, al que se le pagó una suma inmensa para que se convirtiera en el rey de los belgas. Este candidato falló y buscaron a otro. El resultado es que Bélgica no tiene cara. Yo jamás me he sentido belga. No sé qué es sentirse belga, creo que no tiene ningún significado. Las personas que conozco no dicen que son belgas, sino valones o flamencos. Y esta falta de necesidad real de ser de un país, hace que la gente que vive aquí tenga miedo, es como la angustia del pequeño burgués, que quiere que le dejen como está. Porque por aquí han pasado todos: los españoles, los austriacos, los franceses, los holandeses. Así ante la Unión Europea el belga medio se dice: bueno, con todo lo que hemos visto, no nos hagamos evidentes y, sobre todo, no surjamos a la superficie, nosotros que sabemos por dónde pega el viento. Y esta es, en definitiva, la actitud de los belgas. Y no está del todo mal porque aquí no hay nacionalismos, y por otro lado es una situación excelente para un escritor. Los holandeses se ríen de los belgas y los franceses también cuentan chistes sobre ellos, y el escritor es como un paria».

No descartemos que el adorable país que es Bélgica sea capaz de posponer sus diferencias en espera de tiempos futuros dando una preciosa lección a los independizadores que a falta de modelo propio buscan acomodo en los ajenos.
Cataluña más allá de los caminos que escoja se merece que sean los suyos, no los de otros.

6 comentarios:

  1. Hoy leo en la prensa británica una encuesta que dice Alex Salmond volverá a ganar en Escocia, pero que solo el 20% de la población es partidaria de la independencia, Bélgica lleva casi una año “sin gobierno” y no ha pasado nada realmente grave, por lo que tengo muchas dudas de que la gente esté por la labor de complicarse la vida más allá de lo razonable y para cualquier país con cierto grado de bienestar, una ruptura traumática supera lo razonable. Es lo que le ocurre, por ejemplo, a los escoceses, que votan nacionalismo, pero a la hora de la verdad, no quieren complicarse la vida con la independencia.

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  2. Hola a todos. Soy Jacobo de Regoyos, el autor de "Belgistán...", que Jorge tiene a bien citar de nuevo en su blog... Reconozco que no he leído el libro aquí comentado pero por lo que parece mantiene una tesis diferente a la mía. Aunque irónicamente, su idea de que el caso Flamenco sea un ejemplo para casos como el catalán confirma lo que yo ya preveo en el libro. Sostengo que, en efecto, Bélgica es un laboratorio nacionalista en los estados de la UE porque se dan condiciones únicas que permiten lo que ningún otro nacionalismo centrífugo en Europa puede conseguir, tampoco Cataluña. El ejemplo flamenco va a provocar tensiones en varios estados , porque muchos van a aquerer imitarle sin éxito. Estos nacionalismos ven la UE como un aliado,sin embargo es un invento de los estados, y avanza gracias a los estados actuales tal y como ha hecho en los últimos 50 años. Son ellos los que han hecho posible la segunda mitad del siglo XX, pacífica y próspera, pasando página a siglos de enfrentamientos. Desconstruir los Estados es volver a las disputas fronterizo-etnico-lingüísticas de las que Bélgica, en su interior, es el vivo ejemplo.

    Mi libro comporta en realidad tres razonamientos:

    El primero es poner de relieve que Bélgica es un caso de nacionalismo centrífugo muy particular: es el único estado miembro de la UE donde un partido que busca la independencia de una parte (artículo 1 de los estatutos de la N-VA) puede ser el más importante del país. Es el caso del partido de Bart de Wever en las últimas elecciones. Además los flamencos tienen la sartén por el mango: no son sólo mayoritarios numéricamente, sino que además son más fuertes económicamente. Catalanes, vascos, escoceses o Corsos nunca poseerán semejante poder en España, Gran Bretaña o Francia. Sólo los nacionalistas flamencos tienen la capacidad de cambiar la historia.

    El segundo razonamiento es que éste es un problema europeo. Si les sale bien a los nacionalistas flamencos y consiguen su Estado Confederal sin salir de la UE, otros nacionalismos en otros estados miembros utilizarán el caso belga para conseguir una independencia “virtual” semejante… pero sin tanto éxito. Las tensiones regionalistas se intensificarán en toda Europa, pero sólo los flamencos tienen la capacidad de influenciar las cosas hasta ese punto en su propio estado. Si la UE alienta este tipo de comportamientos, la consecuencia será una pérdida de confianza por parte de los estados miembros en el proceso de construcción europea.

    También puede ocurrir que la situación quede fuera de control en Bélgica y haya un cambio de fronteras dentro de la UE. Hasta ahora las fronteras sólo cambiaban fuera de la UE, pero Bélgica lo cambiaría todo en su corazón mismo, porque es un Estado fundador y sede de las instituciones comunitarias. La construcción europea se basa en una regla no escrita: eliminar las fronteras físicas a cambio de no ponerlas en cuestión. Si se abre la caja de Pandora todo puede pasar. Y el país que más ha cedido en términos de fronteras en este proceso de construcción europea es Alemania, que es mucho más pequeña que la Alemania de antes de la segunda guerra mundial.

    Si la tesis de las fronteras lingüísticas y los territorios homogéneos culturalmente triunfara en Bélgica como elemento constitutivo de una entidad política, se minaría la esencia del proyecto europeo. Por eso Bélgica ha pasado de ser un “laboratorio europeo” a un “laboratorio de nacionalismo europeo”.


    El tercer razonamiento es como se llega a esta situación: como el nacionalismo acaba impregnando una sociedad hasta el punto que las voces discordantes quedan marginadas. Lo analizo sociológica, psicológica y políticamente.


    Ver como un país se desintegra a cámara lenta delante de tus ojos es verdaderamente algo fascinante. Está ocurriendo. Y todos quedaremos afectados por las repercusiones que describo del problema belga en la construcción europea.

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  3. También en El Polemista: Residuals o indepndents de Jordi Pujol: http://elpolemista.blogspot.com/2011/09/residuals-o-independents-de-jordi-pujol_08.html

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    1. También en EL POLEMISTA:
      Cataluña ante España de Albert Balcells, y la necesidad de diálogo entre Cataluña y el resto de España: http://www.elpolemista.blogspot.com/2012/02/cataluna-ante-espana-de-albert-balcells.html

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  4. También en EL POLEMISTA (actualizado 11-09-2014):

    1714 Cataluña en la España del siglo XVIII de VVAA, y, la Diada de la frustración:
    http://elpolemista.blogspot.com.es/2014/09/1714-cataluna-en-la-espana-del-siglo.html

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    Anatomía de un desencuentro o Anatomia d’un desengany de Germà Bel, y los números de Artur Mas.
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