No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

jueves, 3 de noviembre de 2011

La revolución del Tea Party de Kate Zernike, y el auge de los populismos.

Nada más apropiado para acercarse al fenómeno Tea Party que leer este La revolución del Tea Party (Ed. Planeta). En él, su autora, la periodista de New York Times Kate Zernike hace un extenso reportaje donde se analizan todos los aspectos de este movimiento, desde los ideológicos a los empíricos en forma de encuestas, entrevistas…
Y es que este movimiento tiene elementos más complejos de lo que pueda parecer desde Europa, para empezar porque ha evolucionado hacia una mezcolanza de jóvenes y viejos que si bien aborrecen a la izquierda utilizan medios de ella, elementos que según la autora lo hacen tan contradictorio e incendiario. Y es que aunque hayan contado con apoyos de importancia en lo económico y mediático, el Tea Party es un auténtico movimiento popular conservador de respuesta a la situación económica y desconfianza a la política tradicional.
“En abril de 2010, catorce meses después de los primeros mítines del Tea Party, una encuesta conjunta del New York Times y la CBS News indicaba que el 18% de los estadounidenses se declaraban partidarios del movimiento. Otras encuestas elevan esa proporción al 30%.” Así que como vemos es para tomárselo bastante en serio. La mayoría de los simpatizantes del movimiento eran uniformemente blancos, mayores, con más probabilidades de tener títulos universitarios y con buena situación económica. En suma, son gentes con una enorme desconfianza hacia las instituciones pero una enorme confianza en si mismos.
La agenda del Tea Party también es variable dependiendo de donde se encuentre. Si bien en el nordeste de EEUU su obsesión es la reducción de impuestos en el sudoeste será la inmigración ilegal, aunque si hay algo que les une es la concepción rigorista de la Constitución americana y la defensa de su aplicación estricta. Los fundadores de la nación habrían pretendido que el país fuera una república y la percepción popular de la nación como una democracia era obra de los socialistas de la década de 1920, que habían pretendido nacionalizar los medios de producción. De ahí que la puesta en escena esté plagada de simbología propia del siglo XVIII en reivindicación de los tiempos de la Declaración de Independencia y que van desde prendas o banderas de entonces a todo un despliegue de citas de los Padres Fundadores de los EEUU como la de Thomas Paine: “Es deber de todos los patriotas proteger a su país de su gobierno”. El propio nombre del grupo hace referencia al Motín del Té que en 1773 prendiera la Guerra de Independencia americana.
Y claro, según ellos la Constitución había sido inspirada por la religión, por lo que el Tea Party es para sus miembros una auténtica misión, una cruzada patriótica irrenunciable donde aparecen todos los ingredientes de reafirmación comunitaria (incluido el sentirse perseguidos), siempre entendiendo que para ellos su misión no es una batalla de principios, si no entre el bien y el mal, entre la libertad y la esclavitud.
El libro profundiza una y otra vez en la acción política pura y dura de esta gente, que va desde su obsesión contra la reforma sanitaria o las legislaciones antimigración de Arizona, el matrimonio gay o el aborto… hasta la lucha partidista dentro y fuera del Partido Republicano al que, aunque no tuvieran la gente suficiente para hacerse con él, si han logrado convertirse en un importantísimo grupo de presión en su interior y por tanto un fuerte grupo de interés en la política norteamericana marcando muchas veces los debates diarios y logrado el apoyo y la visibilidad en los medios conservadores americanos, especialmente la cadena de televisión Fox.
La revolución del Tea Party, además del imprescindible y práctico índice analítico aporta como apéndice la encuesta realizada por New York Times y CBS antes mencionada  que supone un verdadero muestreo sobre todos los aspectos del comportamiento político de los simpatizantes del movimiento. Todo un ejemplo de radicalidad populista que como bien indica la autora no es nada nuevo en EEUU aunque afortunadamente nunca han recibido mucho apoyo.
Este libro es un magnífico ejercicio de periodismo, y sin duda una obra de referencia para entender el fenómeno Tea Party.

Lo sabremos en breve, pero a día de hoy y a pesar de lo que indican algunas encuestas parece poco probable que los seguidores de este movimiento logren colocar a un candidato afín a ellos encabezando la candidatura republicana en 2012 que se enfrentará a Barak Obama. Lo normal es que el sector más oficialista de los republicanos se imponga y concurran a las elecciones con un líder más convencional, pero es cierto que cualquier circunstancia puede deparar sorpresas y estas podrían ser peligrosas en épocas donde el descontento no hace más que crecer tanto en EEUU como en Europa.
Fenómenos de populismo sin duda van a ser frecuentes en los próximos años, y aunque siempre los ha habido, el malestar de las sociedades es un magnífico caldo de cultivo para la demagogia basada en la búsqueda de responsables de los problemas. Las instituciones ahora están en el punto de mira porque se las responsabiliza de no ser capaces de frenar el deterioro social y económico, y este fenómeno es común a la derecha donde surgen inquietantes mezclas de integrismos religiosos, nacionalistas, racistas… como en la izquierda donde también aparecen movimientos basados en la deslegitimización de las instituciones o la satanización de los mercados. En ambos casos la tentación de superar el funcionamiento del sistema va a ser una constante que sin duda creará fuertes tensiones y conflictos sociales. Y soy pesimista, no parece que esta tendencia creciente a la negación de toda relativización de las ideas políticas vaya a remitir, al menos a largo plazo.



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