No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

lunes, 3 de septiembre de 2012

Julian Assange. Autobiografía no autorizada, y el engaño de las apariencias.


Soy de los que piensa que la figura de Julian Assange tiene mucho más de oscuro que de claro, pero también creo que en la persecución que se ha iniciado contra él también hay muchas más sombras que luces. Y dado que el asunto WikiLeaks y sus consecuencias han sobrepasado con mucho la repercusión que debían haber alcanzado este libro asume un notable interés.
Este Julian Assange. Autobiografía no autorizada (Ed. Libros del Lince), le debe su sorprendente título al hecho de que está escrito por un autor escogido por él después de más de cincuenta horas de conversación grabada. Una vez visto el resultado no le gustó a Assange y quiso sin éxito cancelar el contrato por el que ya había cobrado y gastado la cantidad percibida en los abogados de su defensa.
Una infancia complicada sirve para que el lector se sitúe donde  el autobiografiado quiere: “Así era yo a los dieciséis años. Me entregaba plenamente a mi ordenador. (…)En cierto sentido, siempre estaría respondiendo a las enseñanzas de mi niñez, desde las protestas contra Vietnam hasta el espionaje de las sectas, y esta forma de expresarlo es lo más cerca que soy capaz de llegar a la verdad. Has de tener un yo para perderlo –o para usarlo- y estoy convencido de que la tarea que he desarrollado en WikiLeaks lleva impresa en algún lugar la huella en cierto modo fantasmal de mis años jóvenes (…) Aquí se cuenta la historia de una persona que llegó en el momento justo para realizar una tarea específica. Una tarea que cambió el mundo.” ¡No me negarán cierto tono mesiánico! Una conversación entre su actual defensor, Baltasar Garzón y Assange debe ser digna de ser escuchada atentamente, la visión del “yo” es válida para ambos.
A partir de este momento el joven Julian se dedica a la lucha “por la libertad” a través de sus medios informáticos como hacker para oponerse al secretismo que las instituciones  utilizan “para protegerse frente a la verdad del mal que han cometido”, y claro, la cosa acabó en “la huida volvía a ser parte intrínseca de mi vida, y ya nunca dejaría de ser así”. ¡Y lo que le queda!
Tras diversas “aventuras” nace WikiLeaks  como organización “proinformación”, (no “antioccidental”, aclara el autor), o como él dice, “nuestra filosofía consistía en atacar a los hijos de puta”, y la verdad es que tras sacar a la luz en 2006 una –como él reconoce dudosa- documentación sobre las relaciones entre los gobiernos de Somalia y China y por extensión el papel de la segunda en África, el lector que no quiera poner en duda el relato a estas alturas ya estará fascinado con el personaje aunque bien es cierto que la historia cautiva a cualquiera que lo lea, y eso que las frases autojustificativas abundan. Unas más burdas: “Siempre me han preocupado más las guerras que hay en el mundo que los problemas que me afectan a mí personalmente.” Y otras más brillantes: “La realidad es un aspecto de la propiedad. Hay que confiscarla. Y el periodismo de investigación es el noble arte que consiste en confiscar la realidad, arrebatándosela a los poderosos.” O esta otra: “La vanidad en un periodista es como el perfume en una prostituta:sirve para encubrir el hecho de que son seres que apestan.” No sé el concepto que el señor Assange tiene de las prostitutas pero desde luego coherencia en su “corrección” no abunda.
No falta en el relato los avances que tuvo WikiLeaks, y muchos de ellos indiscutibles desde el punto de vista del público que busca transparencia, entre ellos Irak, Afganistan, Guantánamo, Islandia, la trágica situación que a día de hoy continúa del soldado Manning en Estados Unidos, las difíciles relaciones con la prensa convencional, (no olvidemos que las revelaciones de esta organización tuvieron gran relevancia y publicidad para medios como The New York Times, The Guardian, Der Spiegel o El País entre otros, “en cuanto estos medios vieron que ya tenían lo que querían, la luz del sol dejó de iluminar nuestro pedacito de tierra”), entre otras muchas (La secta de la Cienciología, la ultraderecha británica…) y claro, su traslado a Suecia como lugar “idílico” para la realización de su trabajo por la descripción que el mismo Assange hace de la legislación de aquel país: “Mi intención era crear en Estocolmo una oficina periodística de WikyLeaks, y comencé a dar los pasos necesarios para conseguirlo. De manera que en ese momento Suecia representaba para mí dos cosas importantes: un país donde trabajar en el futuro y un refugio seguro. Eso hace que resulte todavía más amargo lo que ocurrió después.” Y ciertamente, esta parte del libro adquiere -dado el estado de la cuestión- una extraordinaria importancia por la situación en la que se encuentra Julian Assange. En el momento en el que escribo estas líneas continúa refugiado en la embajada ecuatoriana de Londres asilado “por razones humanitarias” frente a una acusación de delitos sexuales por la justicia sueca respecto a aquella época. Dado que el tema es más que turbio y las dudas que ofrece son objetivas, dejo el asunto en la explicación del interesado. Él lo cuenta así y de entrada pido disculpas por la dejación en el autor, pero creo que es lo más conveniente: “Aunque había pasado algún tiempo con cada una de estas dos mujeres, no estaba prestándoles demasiada atención a ellas, ni devolviéndoles sus llamadas, ni podía tampoco alejarme de aquella situación de riesgo que se produjo desde que habían empezado a sonar amenazas y declaraciones contra mí en los Estados Unidos. Uno de mis errores fue creer que ellas entendían esta situación por la que yo atravesaba. Las dos la conocían, habíamos hablado del problema durante aquellos días, sabían que se había mencionado la existencia de un grupo de ciento veinte personas del Pentágono que iban a por WikiLeaks. Yo no era un novio fiable, ni tampoco era un compañero de cama que pudiera mostrarse muy cortés. Y esto empezó a tener su importancia. A no ser, naturalmente, que todo lo que había estado ocurriendo hubiera sido un montaje desde el primer momento (…) Puede que yo sea un machista en mayor o menor grado, pero no soy un violador, y solo una visión distorsionada de la política sexual podría tratar de convertirme en alguien capaz de cometer ese delito. Ambas mujeres tuvieron relaciones sexuales conmigo de manera voluntaria, y estuvieron encantadas de seguir viéndome después de irse a la cama conmigo. Y eso es todo (…) Dado que la tarea a la que me he dedicado y hacia la que me encaminado a lo largo de toda mi vida tiene su fundamento en la honestidad y el activismo ético, esta campaña dirigida contra mí ha sido realmente muy provechosa para mis enemigos.”
En fin, el libro dedica su último capítulo de nuevo a la defensa de la causa de Assange, y de nuevo tengo que disculparme por el abuso de las citas pero en este caso nada puede ser más esclarecedor para el lector: “Divulgar informaciones clasificadas no es solo una actividad: es un modo de vida. Desde mi punto de vista requiere a la vez sensatez y sensibilidad: eres lo que sabes y ningún Estado tiene derecho a hacer que seas menos de lo que eres (…) La información nos hace libres. Y lo consigue porque nos permite poner en tela de juicio las acciones de quienes preferirían que no tuviésemos modo de cuestionarlos, ningún derecho de réplica.”
La edición española de Los Libros del Lince amplía el epílogo cronológico hasta finales de febrero de 2012 por lo que estamos ante un libro de una actualidad rabiosa, máxime cuando los acontecimientos que rodean a Julian Assange están en plena efervescencia y prometen noticias de alcance en breve. Se hubiera agradecido el necesario índice onomástico en este tipo de texto, aunque sin duda hará las delicias de sus lectores sea cual sea su posición al respecto y es un documento imprescindible para comprender una historia fascinante más allá de su final, presumiblemente lejano y complicado.

No me generan ninguna simpatía la figura de Julian Assange ni su causa. Entiendo que es una ficción interesada el supuesto de un “nuevo periodismo” basado en la información robada o la negación del secreto en actividades que por su naturaleza han de tener intimidad. Las consecuencias de estas revelaciones no siempre han sido la transparencia, han dejado a personas y naciones en situaciones de indefensión cuando en muchos casos ejercían actividades lógicas en las relaciones internacionales o de seguridad.  De esto, concluyo que detrás del personaje hay un farsante que oculta la realidad de sus motivaciones y que se esconde en una supuesta ingenuidad  librepensadora. También me provocan un enorme rechazo las pseudodemocracias bolivarianas que protegen los derechos humanos de ciudadanos libres “perseguidos” por las democracias más consolidadas de planeta como pueden ser Suecia o Gran Bretaña, pero que bajo su populismo bolivariano ejercen la represión más pura y dura contra la libertad de información y se erigen en garantes de la liberad de difusión de secretos oficiales de terceros países. ¡Imaginemos el trato que recibiría un similar a Julian Assange en Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Cuba o Bolivia si revelara los secretos de estos Estados! 
Y sin embargo, y dicho esto, los supuestos delitos por lo que es perseguido el personaje son de una enorme oscuridad y no resultan creíbles, como tampoco lo es la arrogancia impresentable con la que una de las cunas de la diplomacia como es Gran Bretaña ha amenazado a un pequeño país como Ecuador. Para colmo, personajes adictos al protagonismo mediático como Baltasar Garzón irrumpe en escena y contribuye a un enorme “circo” donde nada es lo que parece y la sociedad internacional deja al aire sus carencias a la hora de resolver conflictos y lo que es peor, sus vergüenzas a la hora de tratar sus más inconfesables intereses.


 

 

 

 

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