No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

viernes, 7 de marzo de 2014

¡Matadlos! de Fernando Reinares, y, 11M, el atentado de Al Qaeda y “sucesores” en España.


¡Matadlos!, quien estuvo detrás del 11-M y por qué se atentó en España (Ed. Galaxia Gutemberg), será sin duda el libro referente sobre los atentados acaecidos el 11 de marzo de 2004 en Madrid cuando diez bombas estallaron a primera hora de la mañana en diferentes vagones de cuatro trenes de Cercanías, en el tramo entre Alcalá de Henares y la estación madrileña de Atocha. 191 muertos, 1.841 heridos, y daños entre directos e indirectos por un valor estimado de más de 230 millones de euros. También, y de imposible cuantificación, la fractura social, la división de los españoles y las consecuencias políticas del atentado terrorista más grave sufrido en España.
Escribo estas líneas a pocos días del cumplimiento del décimo aniversario de dichos hechos, y al mismo tiempo que celebro la aparición de este ¡Matadlos! de Fernando Reinares, no puedo más que lamentar que tanto tiempo después un libro como este es tan necesario, no solo por poner luz sobre los hechos, sino porque a corto-medio plazo, tengo la sensación de que acabará de una vez por todas con una de las más repugnantes y mezquinas tramas “conspiranoicas” de la historia del periodismo político español, como ha sido la llamada “Teoría de la Conspiración” que comenzó desde el primer momento de un atentado que el entonces Gobierno de José María Aznar quiso manipular y falsear para evitar la que después sería su derrota electoral.

Fernando Reinares, una indiscutible autoridad en materia de terrorismo tanto como investigador como en su asesoría práctica en la cuestión y sin duda el que mejor ha tratado el yihadismo en España, a través de una minuciosa investigación de años, que incluye diversidad de fuentes, ofrece en este libro una respuesta clara y concreta, absolutamente novedosa:
¿Quiénes fueron los componentes  básicos de la red del 11-M y cuál era su procedencia, cuándo y cómo se formaron? Es la primera parte del libro:
“En primer lugar del remanente de la célula de Al Qaeda en España, la que debido al sobrenombre de quien desde 1995 fue su líder se conoció como célula de Abu Dahdah, desarticulada en noviembre de 2001. En segundo término, de las estructuras con que por entonces contaba el Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) en algunos países de Europa occidental, en especial pero no únicamente en Bélgica. Por último, de una banda de delincuentes comunes que adoptaron con mayor o menor intensidad una concepción violenta del credo islámico y terminaron implicados en actividades terroristas dentro de la red del 11-M.”
El autor distingue claramente en las páginas de ¡Matadlos! a estos tres componentes aunque se solapen entre sí. Los tres, se irán aglutinando desde marzo de 2002 hasta agosto de 2003, atrayendo a individuos afines que en principio no pertenecían a ninguno de estos tres componentes, pero que a través de diferentes relaciones lograron formar la red del 11-M. Así, el atentado comienza a urdirse más de un año antes de que se desencadenara la Guerra de Irak, y más de un año y medio antes de se convocasen las elecciones del 14 de marzo de 2004, y el motivo fue dar respuesta a las operaciones antiterroristas que España llevaba a cabo desde años atrás, especialmente y como definitivo detonante el desmantelamiento de red de Al Qaeda que operaba en nuestro país en 2001.
En el discurso de José María Aznar en la comisión parlamentaria de investigación del 11-M de noviembre de 2007, este decía: “Los que idearon el 11-M no están ni en desiertos remotos ni en montañas lejanas.”
Fernando Reinares lo tiene claro: el proceso de movilización terrorista que culminó en el 11-M se inició en la ciudad pakistaní de Karachi, pero con todo, la decisión inicial de perpetrar el atentado remite a Amer Azizi a finales de 2001, un personaje del que el libro da cuenta, miembro de la célula de Abu Dahdah desde 1995 y que dada su experiencia en campos de entrenamiento contaba con admiración entre los demás miembros de este grupo de al Qaeda. ¡Matadlos! da igualmente cumplida cuenta de las “marcas distintivas” de esta organización yihadista en el atentado, que van desde la elección de la fecha a otras correspondencias con atentados como el 11-S, o a la propia metodología empleada por los terroristas.
Igualmente Reinares explica los detalles de lo que iba a ser “el segundo 11-M”; iba a tener lugar en enero de 2008 en el metro de Barcelona. Afortunadamente la detención de los individuos que iban a llevarlo a cabo lo impidió, pero la relación de los terroristas con Tabligh Jamaat (en las congregaciones de esta secta muy extendida en Europa se radicalizaron algunos de los autores del 11-M de Madrid) y Al Qaeda el autor la deja muy evidente.
Concluye el investigador en este excelente ¡Matadlos!:
“Los atentados de Madrid pusieron de manifiesto que esa región de nuestras sociedades abiertas podían formarse redes yihadistas proclives a la dirección y el apoyo proporcionados desde el mando de operaciones externas de Al Qaeda, por medio de intermediarios con buen conocimiento del eventual espacio operativo delimitado para cometer un atentado y vínculos personales con miembros clave de las células locales movilizadas con esa finalidad.”
Y advierte, si todo esto pudo suceder fue debido a la combinación de desajustes judiciales, el desconocimiento sobre el nuevo terrorismo internacional del ministerio público, la inadecuada legislación, las insuficiente cooperación intergubernamental, pero también a la no denuncia desde el propio mundo del culto islámico de actitudes que podían anunciar acciones violentas.
El 11-M además dividió a los españoles a diferencia de lo ocurrido en el Reino Unido tras los atentados suicidas del 7 de julio de 2005 en Londres:
“Esta es una triste realidad que cabe probablemente asociar a una cultura política proclive a la polarización y a la ausencia de consensos de Estado en sectores fundamentales para las instituciones representativas, la sociedad civil y el conjunto de los ciudadanos, como la política exterior, la política de defensa o la misma política antiterrorista.”
La edición de Galaxia Gutemberg, excelente, cuenta con amplio apartado de notas y el imprescindible índice onomástico en estos casos.
 
¡Matadlos! es un libro como decía al principio que está llamado a convertirse en el referente sobre el 11-M, y aunque tarde, ayudará definitivamente a esclarecer huecos y dudas por donde se han colado malintencionadamente teorías conspirativas. Fernando Reinares era el especialista perfecto para llevar a cabo esta tarea, y en este décimo aniversario hay que celebrarlo.
Como siempre recordaremos aquella mañana del 11 de marzo de 2004 en la que las noticias incesantes sobre la gravedad de lo sucedido nos helarían el corazón y abrirían la puerta a un fin de semana inolvidable por la tensión y la desazón generalizada. Pero sobre todo, recordemos a los 191 muertos y los más de 1.800 heridos, y al miembro de los GEO, el subinspector de policía Francisco Javier Torronteras, fallecido tras la inmolación de los terroristas en Leganés, todos ellos más que nadie sufrieron la profunda y mortal maldad que se esconde detrás de acciones como el 11-M que ojalá jamás pueda volver a suceder.


Otras reseñas relacionadas con el tema en EL POLEMISTA:



El laboratorio del miedo de Eduardo González Calleja, y el fenómeno terrorista al día.

http://elpolemista.blogspot.com.es/2012/12/el-laboratorio-del-miedo-de-eduardo.HTML
 
11-S, El mundo diez años después en Vanguardia Dossier (Nº41), y ¿En qué hemos cambiado?


La santa ignorancia de Olivier Roy y las revueltas en el mundo árabe.


ÍNDICE COMPLETO DE EL POLEMISTA HASTA 2014.


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