No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

lunes, 20 de julio de 2015

Bumerán Chávez: Los fraudes que llevaron al colapso de Venezuela de Emili J. Blasco, y, enmienda a la totalidad del “paraíso” bolivariano.


“En un bar, mirando a los lados de vez en cuando por si alguien arrimaba sospechosamente la oreja, Leamsy Salazar me contó todo lo escrito hasta aquí, y también otras revelaciones que quedan para más adelante. El 26 de enero llegó a Washington y en marzo hizo la declaración elevada al gran jurado en el caso abierto por la fiscalía federal del Distrito Sur de Nueva York contra Diosdado Cabello: la acusación formal de Cabello, como sostenedor de un edificio de narcotráfico y corrupción construido por Hugo Chávez y avalado por Nicolás Maduro, presumiblemente ya era un
hecho, aunque permaneciera secreta por un tiempo.
Estas páginas primeras son como esas escaleras que descendían al misterioso búnker perdido en medio de una finca de los llanos venezolanos. El lector ha abierto la trampilla y comenzado a bajar los escalones. Acabamos de dar la luz y lo que tenemos ante la vista es imperdonable”.
Esta es parte de la entradilla en la que Emili J. Blasco, deja evidencia en este Bumerán Chávez, (Ed. CreateSpace Independent Publishing Platform) que se trata de una enmienda a la totalidad, una descalificación total y absoluta del régimen bolivariano de Venezuela, y que siendo un documento de innegable valor por la información que aporta, se pierde por anteponer la conclusión al desarrollo, por intentar demostrar una tesis previa más que llegar a ella. Pero no es un libro de historia, es un texto de investigación periodística que ha realizado este corresponsal de ABC en EEUU, y más allá de toda prevención, tiene su interés, por eso lo traigo a El Polemista.
Emili J. Blasco sostiene que la Venezuela chavista es una democracia completamente adulterada que imponía a un incompetente como Nicolás Maduro tras flagrante fraude electoral y sostenido en el poder en un verdadero entramado delictivo y violento. El autoritarismo político y el colapso económico de la República Bolivariana aparece aquí simplemente como la maduración del chavismo, un bumerán que de vuelta, rompe el fraude que para el autor fue Hugo Chávez al que reconoce que tras su victoria de 1988 provocada por la ilusión que el fallecido comandante generaba, supo propiciar en la OPEP una política de pecios que multiplicó el valor de petróleo generando un enorme aumento de ingresos por esta vía que sumado al contexto internacional (Guerra de Irak, embargo iraní…) harían posible el espejismo que por el mismo motivo, la bajada del precio del crudo desde mediados del 2014, parece haber abocado a Venezuela al colapso. Si en 1998 el barril de petróleo se cotizaba a 10,5 dólares, en el año 2012 costaba 103,4 dólares. Así, en los catorce años de mandato de Hugo Chávez, Venezuela  produjo aproximadamente un billón de dólares a través del petróleo, lo que fue decisivo en las políticas de fondos de ayuda y crudo para las naciones “aliadas” del Continente y al mismo tiempo una corrupción desmedida y generalizada en la propia Venezuela que entre otras cosas convertía al país en un narcoestado.
Emili J. Blasco denuncia el grado de injerencia cubana en el régimen bolivariano, a veces explicando con muy dudoso gusto al no ser presentados como rumores, hechos sobre la supuesta manera respecto al poder que ejercía, también en lo personal, Fidel Castro sobre Hugo Chávez (esta a veces morbosa narración de detalles personales de Hugo Chávez, abarcan diversos aspectos de la vida y también de la muerte, no necesariamente importantes en el relato periodístico, y menos aún en el histórico, abundan en Bumerán Chávez):
“Esa persona revela que Fidel Castro, que sabía de qué pie cojeaba Chávez, le preparó un encuentro a su apadrinado con la top model Naomí Campbell. Como sorpresa para uno de sus cumpleaños el líder cubano envió a buscar a la esbelta británica de ascendencia jamaicana, que llegó a La Habana en un avión privado de Petróleos de Venezuela. «Era una forma de hacerle crecer el ego, de hacerle ver que podía conquistar grandes trofeos (…) Castro también supo aprovechar el desorden bipolar que padecía el líder venezolano. «Pasaba de la euforia a la tristeza, disociando su personalidad y llegando a tener episodios de pérdida de contacto con la realidad. Oscilaba entre esos dos polos, con más tendencia a la euforia, a la hiperactividad y a la manía», relató a la prensa el doctor Salvador Navarrete, uno de sus médicos al principio de llegar a la presidencia. El astuto dirigente cubano se ocupó de tratar a Chávez como si viera en él casi una reencarnación de Simón Bolívar.”
Con Chávez, los cubanos gestionaron los documentos de identidad y pasaportes, registros mercantiles y gestorías públicas; codirectores de puertos y controladores de seguridad en aeropuertos, supervisores de Fuerzas Armadas y de labores de contrainteligencia… y padrinos potenciadores de Nicolás Maduro. Todo ello en el absoluto secretismo y ocultación de datos del gobierno venezolano.
También a la hora de su muerte Hugo Chávez se encomendaría al régimen cubano entregando todo tratamiento de su cáncer diagnosticado en 2011 a la medicina cubana.
Pero ojo:
“El Gobierno de Maduro no solo no tuvo noticia previa del deshielo entre Estados Unidos y Cuba, sino que además fue engañado. Dos días antes del anuncio, el embajador cubano en Caracas, Rogelio Polanco, se presentó ante el ministro de
Finanzas, Rodolfo Marco Torres, reclamando el pago de tres mil doscientos millones de dólares de deuda, la mayoría relacionada con obras que Venezuela financiaba en Cuba y
cuyos pagos estaban atrasados(…) A los dos días quedó demostrado que los cubanos sabían muy bien lo que se hacían y eran los venezolanos los que estaban a dos velas. La Habana se había apresurado a cobrar dinero prometido, no fuera que el anuncio de sus conversaciones con Washington enfriara su relación con Caracas.”
Y Rusia:
“La relación entre ambos países se sustanciaba sobre todo en el comercio de armas. En medio de cantos a la paz en el mundo, el chavismo convirtió a Venezuela en el mayor
importador de armamento de Latinoamérica y en el segundo de toda América, solo superado por Estados Unidos, como consta en los informes del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri), especializado en contabilizar las transferencias de armamento mundiales. Entre 2009 y 2013, el 66 por ciento de las armas llegadas al país procedieron de Rusia. Expertos consultados calculan en trece mil millones de dólares la factura del material ruso comprado por el Gobierno chavista hasta 2013.”
En este Bumerán Chávez se denuncia que en las elecciones presidenciales de 2012, las últimas de Chávez, y las de 2013 de Nicolás Maduro, activistas del chavismo se encargaron de manejar en los centros electorales la maquinaria de identificación de electores y la de votación, en connivencia con el Centro Nacional Electoral (CNE) en un verdadero fraude electoral. No coincide con la tesis del autor la valoración que entonces realizaron la gran parte de los observadores internacionales.
Emili J. Blasco valora en cientos de millones el saqueo que perpetró Chávez para su familia y entre los suyos florecían las grandes fortunas que al mismo tiempo que se presentaban como enemigos del imperialismo se lanzaban a la compra en Estados Unidos de jets de lujo, mansiones… La corrupción económica se acompañaría de la judicial cuando jueces y fiscales se veían sometidos a las consignas del Ministerio Público y del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ).
De vuelta al asunto del narcotráfico, en este libro se afirma abiertamente que Hugo Chávez convirtió a Venezuela en el punto de salida ¡del 90% de la droga colombiana  en su viaje a EEUU y Europa! Sería una parte del proyecto bolivariano, una forma de favorecer a la guerrilla de Colombia frente a un Gobierno en Bogotá hostil al liderazgo regional de Chávez “y como manera de plantear una guerra asimétrica contra Washington.
¿Y los iraníes?
“El fraude de Chávez a sus ciudadanos también abarcó otros ámbitos, como el de la seguridad. Chávez abrió la puerta de Venezuela a Hezbolá: facilitó la concesión de visados y pasaportes falsos a activistas de la organización terrorista y protegió la presencia de células en el país. En 2007 envió secretamente a Maduro, entonces canciller, a reunirse en Damasco con el jefe de esa milicia libanesa de filiación chií, Hasán Nasralá. La principal actividad del extremismo islamista en Venezuela, acordada con el Gobierno, fue la recaudación, el lavado de dinero y el tráfico de drogas. Aunque hubo en marcha algún campo de entrenamiento, no se apreció operatividad terrorista. No obstante, todo indica que células de Hezbolá ascendieron por Centroamérica y traspasaron la frontera con Estados Unidos, mientras que elementos radicales iraníes llegaron a trazar planes para posibles atentados contra intereses estadounidenses. Precisamente la especial relación mantenida con Irán se desarrolló bajo una gran simulación. Muchos de los convenios firmados entre Chávez y Mahmud Ahmadineyad tenían como finalidad principal aparentar una gran actividad que sirviera para justificar el flujo de capitales, con el que Teherán evadía las sanciones internacionales impuestas por su programa nuclear. En su ayuda al régimen de los ayatolás, Chávez permitió que Irán hiciera en Venezuela operaciones especulativas con divisas, que constituyeron una estafa al Banco Central venezolano. La asociación con Irán le daba a Chávez acceso a cierta tecnología, pero sobre todo le aportaba un salto en el enfrentamiento dialéctico con Estados Unidos.
Llegamos a España, y ello cuando menos es comprometido porque afecta a dos organizaciones muy dispares y diferentes pero muy presentes en la política española: la banda terrorista ETA y el partido político Podemos.
Y es que el régimen bolivariano tenía una cuarentena de etarras residiendo en Venezuela, alguno incluso como miembro activo del chavismo, pero olvida, Emili J. Blasco que el conjunto estaba directa o solapadamente consensuado con el Gobierno de España, lo que desbarata la tesis que sostiene de chavismo “filoetarra”, ello sin obviar que en un entramado de organizaciones, muchas revolucionarias o que creen serlo, las connivencias, coincidencias y conveniencias entre indeseables sean inevitables.
Vamos al tema Podemos:
El Centro de Estudios Políticos y Sociales (CEPS), de donde saldría después Podemos o al menos gran parte de sus miembros fundamentales, ¿y su financiación e inspiración?, fueron esenciales en lo que se ha llamado “Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano” y que tuvo su influencia en la evolución de los diversos regímenes bolivarianos. Y se me permitirá que esta vez me extienda en la cita de manera especial:
“[CEPS] La entidad, constituida en 2002, ganó rápidamente peso tras las primeras asesorías que algunos de sus expertos habían realizado previamente para la reforma constitucional venezolana de 1999. A partir de ahí se convirtió en una consultoría permanente que, junto al conocimiento técnico, le aportaba al líder venezolano autonomía respecto a miembros del Gobierno o camarillas que quisieran medrar ganando la oreja del comandante(…)No solo se intervenía desde una sala situacional instalada en Valencia, sino que muchas cuestiones de asesoría política, jurídica, económica, electoral y estratégica eran abordadas en primera instancia por miembros de CEPS destacados en Caracas, que contaban con el apoyo de compañeros desde España(…)«Entendemos que el Sistema capitalista ha demostrado ser incapaz de asegurar una vida digna a la mayor parte de la población del planeta y hoy pone en riesgo la propia supervivencia del género humano», decía la presentación de su página web. CEPS tenía más de trescientos miembros, la mayoría de los cuales compaginaban su actividad académica «con experiencia militante» en organizaciones de la izquierda política y social de España (…) CEPS había prestado asesoramiento técnico y político, en materia de políticas públicas, desarrollo y procesos electorales en Venezuela, Ecuador, Bolivia, El Salvador, Paraguay, Guatemala y Perú. En varios de esos países había formado cuadros. Además, había generado una teoría constitucionalista que trataba de amparar la promoción de lo conocido como democracias iliberales o autoritarias, justificándolas desde el campo del Derecho.”
También personajes del otro lado de la razón como Jorge Verstrynge tienen su sitio en Bumerán Chávez: “En 2005 su libro La guerra asimétrica y el Islam revolucionario fue de lectura obligatoria en el Ejército venezolano, que imprimió miles de ejemplares. El propio Verstrynge explicó en Venezuela sus tesis sobre la licitud de plantear una guerra a Estados Unidos por otros medios; sus pláticas fueron aplaudidas por Chávez.”
Muy mejorable es la contextualización ideológica del chavismo, en esto su autor debía haber profundizado más, pero deja algunas aportaciones:
“En el ensayo Las Democracias Radicales y el ‘Nuevo Constitucionalismo Latinoamericano’ (2013), el constitucionalista chileno Javier Couso constata que, dejadas atrás las dictaduras de las décadas de 1970 y 1980, en Latinoamérica se sigue aceptando hoy generalmente que  la forma de acceder al poder son los procesos electorales abiertos, no los golpes militares. Sin embargo, desde el comienzo de siglo ha crecido una corriente que cuestiona el consenso logrado en la década de 1990 en
torno a los estándares de la llamada democracia occidental, que exige que los gobiernos elegidos democráticamente conozcan límites constitucionales. Parte de la izquierda que se había sumado al consenso institucional, a la vista de que ofrecía garantías para la defensa de los derechos humanos y de las minorías sociales, ahora alega que el único modo de combatir la desigualdad –en realidad no pocas veces acrecentada por sistemas democráticos que consecuentemente caen en descrédito–, es la creación de ejecutivos fuertes, sin constricciones de ningún tipo. Con la sumisión del principio de legalidad (rule of law) al antojo de la nueva praxis revolucionaria se rompe lo que, en palabras de Javier Couso, había sido en los noventa «una suerte de reconciliación de la izquierda latinoamericana con el Derecho». Como trazos comunes de las nuevas constituciones de Venezuela, Ecuador y Bolivia, Couso destaca tres. En primer lugar, el debilitamiento de la separación de poderes, especialmente en perjuicio de la judicatura. La falta de independencia de esta ha impedido que haya jueces que puedan investigar situaciones de abuso de autoridad y corrupción; ha sido usada en ocasiones por los gobiernos «para levantar y luego dar por acreditados cargos de corrupción falsos dirigidos contra adversarios políticos», y ha protegido a los gobiernos de objeciones jurisdiccionales
cuando ha recortado el ejercicio de libertad de prensa. El segundo elemento es la «exacerbación» del poder ejecutivo, dando a los presidentes atribuciones poco comunes en los sistemas presidencialistas de las democracias constitucionales. El tercero, la supuesta garantía de mayor inmediatez entre el pueblo soberano y los órganos del Estado, en algunos casos eliminando el bicameralismo, lo que hace más fácil que un mismo partido controle ejecutivo y legislativo. Estos tres rasgos se dan en un contexto de «fetichización» del momento constituyente. Como dicen Viciano y Martínez Dalmau en uno de sus ensayos, lo importante «es la voluntad de permanencia de la voluntad del constituyente, que busca ser resguardada contra el olvido o abandono por parte de los poderes constituidos una vez que la constitución comience un periodo de normalidad». Couso define esto como «la obsesión de blindar la voluntad constituyente contra la natural evolución» de la vida política de un país.”
Me perdonarán el abuso del derecho a cita, pero es que siendo muy razonable y notable la aportación filosófica del asunto que se hace en Bumerán Chávez, se hubiera agradecido algo más.
El autor termina analizando más aspectos de la ruina del país y de sus negocios catastróficos, no podían faltar personajes tan especiales, y no para bien, como Cristina Fernández de Kirchner, “alma gemela en muchos aspectos y cuyo talento femenino y formas maternales generaron entre ambos un clima de compenetración y confidencia”, y no vaticina buenos tiempos para Venezuela; las dificultades económicas, el deshielo entre Cuba y EEUU y demás factores, para el autor abren un enorme abanico de posibilidades, pero en ningún caso una vuelta a la normalidad democrática, y el lector ya a estas alturas se habrá preguntado cómo iba a volver algo que nunca se ha dado en Venezuela. Y es que de haberse dado, sería el advenimiento del chavismo, que a estas alturas, ya está definitivamente descalificado en términos democráticos.
 
La edición de Bumerán Chávez no aporta notas ni referencias, el autor las nombra en el texto y se conforma con ellas, quizá no lo suficiente para el lector que además de buscar una conclusión, que es lo que motiva todo el libro, quiera un elemento que vaya más allá de la pura y dura enmienda a la totalidad del chavismo y su argumentación, lo que en absoluto podría ser una excusa para realizar la misma sobre este libro de Emili J. Blasco, un documento periodístico que no histórico, desde luego legítimo.
 
Es seguro que el chavismo esté viviendo su ocaso o su mutación, ciertamente esta no sería a mejor, y parece poco probable una salida democrática en un país donde todos los elementos de la democracia liberal que pasan por la división de poderes y el respeto a las diversas posiciones políticas están desconectados de la acción política, pero puede ayudar un contexto en el cual al régimen chavista le resultará difícil sobrevivir si continúa en una vía que cada vez le aísla más, máxime cuando no hay perspectivas ni económicas ni internacionales que le favorezcan, muy al contrario, Cuba e Irán son claros ejemplos de ello.
Lo que es seguro es que el bagaje histórico del chavismo solo podrá ser defendido contextualizándolo en su advenimiento, nunca en su desarrollo ni en su actualidad, pero tampoco la oposición que ha encontrado, nunca ha estado ni está a la altura.
Y desde España… en fin, difícilmente se avergonzarán quienes todo le deben.


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