No creo que sea completamente inútil para contribuir a la solución de los problemas políticos distanciarse de ellos algunos momentos, situándolos en una perspectiva histórica. En esta virtual lejanía parecen los hechos esclarecerse por sí mismos y adoptar espontáneamente la postura en que mejor se revela su profunda realidad.
JOSÉ ORTEGA Y GASSET

martes, 15 de marzo de 2016

La desfachatez intelectual de Ignacio Sánchez-Cuenca, y, la rebelión de los politólogos (de algunos).


Sánchez Cuenca realiza toda una traslación de lo que ha sido la deriva política del populismo a la élite intelectual: desde la “caducidad” de su legitimidad (con numerosas menciones a la Transición) a su carácter de “casta”, lo curioso es que aquí no hay “anti tecnicismo” puesto que él como politólogo se arroga la posesión de la cualificación para opinar; y no, la actualidad política no es ciencia política, es también realidad que se puede abordar desde diferentes puntos de vista, también los del literato, el filósofo, el historiador… o cualquiera que crea tener opinión formada y argumentada al respecto. Los politólogos, soy uno más, hemos perdido últimamente cierto sentido de la orientación, y si bien es cierto que nuestro campo de estudio es la Ciencia Política, fuera del ámbito puramente científico queda una parte esencial de la acción política que no es patrimonio de nadie.
Ignacio Sánchez-Cuenca en este La desfachatez intelectual (Ed.Catarata) tira la piedra y esconde la mano, ya se apresura a desmarcarse de otros ejercicios inquisitoriales como el de Gregorio Morán en “El cura y los mandarines”, pero en realidad ha seleccionado a quienes debía “desautorizar” intelectualmente y anteponiendo la crítica ha buscado argumentos para exponerla, en algunos casos como el de Fernando Savater llegando a contextualizar toda su obra con sus ciertamente impropios del sentido común argumentos para la defensa de la tauromaquia.
Antonio Muñoz Molina, Jon Juaristi, Vargas Llosa, Fernando Savater, Félix de Azúa, Javier Cercas, Arturo Pérez Reverte, Amando de Miguel, los economistas César Molinas o Luis Garicano… serían según el autor decadencia fruto de lo que en su día José Luis López Aranguren llamó “el intelectual colectivo” del postfranquismo y ejercerían un “machismo discursivo” utilizando el concepto de Diego Gambetta que les serviría para disfrazar ocurrencias y argumentos poco informados y mal construidos; y es que estos autores han interpretado el reconocimiento a su obra como una carta de impunidad y la utilizan sin el menor recato, especialmente los que tomaron relevancia en los años posteriores al franquismo, mientras la sociedad española ha cambiado estos no lo han hecho nada y sus respectivas formaciones no serían comparables a las de las nuevas generaciones. Constantemente Sánchez-Cuenca cae en estos argumentos temerarios buscados ad hoc.  Pero hay un fondo ideológico en la crítica muy evidente que pone en cuestión la censura científica del autor:
“La llegada de la crisis en 2008 sirvió para hacer más visible la decadencia de las “grandes firmas”. Sus temas favoritos suelen girar siempre en torno al nacionalismo y el ser de España, verdaderas obsesiones patrias: España como problema, el futuro de la nación española, un proyecto para España, España ante sus desafíos territoriales, España ante Europa, los fantasmas del pasado de España, el reto de España ante un mundo global y así sucesivamente. Por eso, cuando la crisis comienza a hacer estragos y aumentan la desigualdad y la injusticia social, apenas tienen nada que decir. No conectan con los problemas cotidianos de la crisis: los desahucios, la emigración de los jóvenes, la pobreza energética, los recortes sociales, la congelación de las ayudas a la dependencia, el paro de larga duración, las ayudas a los bancos, las políticas de austeridad…, nada de esto despierta su interés.”
Dividido en tres capítulos más conclusiones e índices, La desfachatez intelectual dedica el primero a denunciar la incapacidad de estos intelectuales para analizar las relaciones causales entre fenómenos sociales, políticos y económicos aunque lucen más que ninguno a la hora de denunciar o defender ciertos valores gracias a su capacidad dialéctica.
“Lo más frecuente es que el académico metido en los medios evolucione hacia la nada intelectual : un estilo pulido y sugerente, una exposición organizada, una defensa de lugares comunes y tesis que no desentonen ni chirríen en el establishment, en fin, el mejor método para garantizar que no dejen de llegar invitaciones a los más variados actos y proyectos.”
Y así denuncia como el moralismo del escritor en estos casos se construye sobre la desesperación que sufre ante su país y sus conciudadanos, hasta aquí nada nuevo bajo la mirada del intelectual a lo largo de la historia, pero Ignacio Sánchez-Cuenca necesita añadirle su dosis de “populismo” anti intelectual: “ y sus conciudadanos que viven aborregados e imposibilitan con sus actitudes y vicios el progreso de la nación”: tiene su parte de razón obviamente el autor, pero quizá una vez pasado el ruido que está generando La desfachatez intelectual se dé cuenta de que él, en dirección contraria, ha realizado un ejercicio similar al que denuncia.
El resto del libro es un trabajo de disección de las barbaridades y exabruptos de sus víctimas: ensayistas, pensadores, periodistas y académicos, ahora tratados de manera más general y con especial acento en temas como el terrorismo y nacionalismo sufren la lupa del autor; sorprende casos como el de Fernando Savater, quizá se trate de alguna fobia no diagnosticada del autor: “¿Para llegar a un rancio españolismo era preciso pasar por todos los colores posibles del espectro ideológico?”
Siendo politólogo Sánchez-Cuenca debería entender mejor la diferencia entre un jacobino que otorga al Estado la potestad de garantizar el marco en el que se desenvuelven ciudadanos libres e iguales y el nacionalista que atribuye a un hecho casual como la procedencia cualidades sobrenaturales o espirituales, justo de ello fundamentalmente trata ¡No te prives! Defensa de la ciudadanía en su día tratado aquí en El Polemista: http://elpolemista.blogspot.com.es/2014/12/no-te-prives-defensa-de-la-ciudadania.html
En su feroz ataque a los argumentos contra ETA y el nacionalismo de estos intelectuales el autor, consciente del exceso, necesita a lo largo del texto justificar su postura democrática, tanto, que sorprenderá al lector, entre otras cosas porque las reflexiones políticas que realiza en ocasiones tienen un alto interés y hubieran sido mucho más útiles como afirmaciones y no como objetos arrojadizos buscados para la ocasión.
 “…la descarada derechización de tantos y tantos intelectuales que en su juventud defendieron consignas revolucionarias y anticapitalistas y hoy han recalado en un conservadurismo escéptico y refunfuñador. Sin entrar a realizar juicios de valor sobre dicha evolución, sí parece legítimo plantear algunas dudas sobre el tipo de coherencia intelectual que demuestra que quien en los setenta era todavía revolucionario, o partidario de la violencia, en los ochenta se hizo socialdemócrata, en los noventa, liberal, y más recientemente, conservador. Teniendo en cuenta que dichos cambios se producen siempre de acuerdo con el espíritu de los tiempos, a favor de la corriente dominante y en manada, cabe preguntarse por la seriedad y consistencia de los posicionamientos políticos de nuestras figuras públicas.”
El tercer capítulo, La crisis: merecíamos algo mejor, comienza con escritores y acaba con los economistas antes citados, pero sin duda lo que más sorprenderá al lector es el ataque furibundo contra Antonio Múñoz Molina y su Todo lo que era sólido; de estilo negro, moralismo, sermón laico, victimismo, autoconmiseración, doliente, prosa quejumbrosa… ya lo había dicho en el prólogo en un tono un poco más sensato: “El autor defiende tesis que, despojadas de su buen estilo literario, no pueden ser tomadas seriamente(...)Por muy bien que escriba el autor referido, algo muy profundo falla en nuestra esfera pública cuando se lanzan elogios sin fin a un libro que defiende una tesis tan extravagante."
El análisis de los economistas Garicano, Molinas, incluso algún bofetón perdido cae a otros como José Carlos Díez el lector se hará una idea de en qué consiste que los rebate posicionándolos en el “provincianismo intelectual”, todo ello, una vez más, en una enmienda a la totalidad del ideario ajeno basado en la meticulosa aportación de “pruebas” que hacen la culpabilidad indiscutible.
“Anticuado resulta el estilo de nuestras élites intelectuales, que sigue siendo retórico y alambicado; su enfoque, castizo y literario; y sus opiniones, demasiado personalistas e insuficientemente analíticas. Aunque sea forzar un poco la analogía, padecemos una cierta “cultura de amiguetes”, en la que unos figurones con egos inflados se han convertido, con la complicidad inestimable de los medios de comunicación, en “referentes” de nuestro debate colectivo (…)Frente al individualismo extremo del literato y ensayista que participa en el debate público con una voz propia y fácilmente reconocible, cabe oponer la visión “comunitaria” del conocimiento y la verdad propia de la ciencia(…) Frente a los figurones de siempre, con su ego hinchado y su opinión tajante e idiosincrásica, van surgiendo aquí y allá autores mejor preparados y más especializados…”
Ahora quizá entiendan mi inicio de reseña, anti-elitismo, anti-intelectualismo inverso, apelación a una mayoría científica inconclusa y sin delimitación… puro populismo intelectual.
La edición de Catarata, discreta, incluye el imprescindible índice onomástico.

La desfachatez intelectual podía haber sido una denuncia de nuestra intelectualidad mucho más eficaz y certera si no hubiera sido la motivación ideológica su finalidad, el propio Ignacio Sánchez-Cuenca desvirtúa su trabajo convirtiéndolo en un arma arrojadiza y pierde una excelente oportunidad, porque por otra parte el lector se va a encontrar con una lógica interna en el texto y en el planteamiento que hubieran dado para mucho más; quizá, esa virulencia innecesaria, inexplicable en algunos casos, tenga también su explicación en quien no ha cumplido expectativas.
Como era de esperar La desfachatez intelectual ya ha recibido alguna respuesta de los afectados y habrá más, desgraciadamente este libro además de dañar el prestigio científico de Ignacio Sánchez-Cuenca va a servir para generar mayor crispación y debates estériles, la respuesta de Jon Juaristi en ABC da buena prueba de ello: http://www.abc.es/opinion/abci-escudos-201603140333_noticia.html

Por cierto, de este último podrán encontrar en El Polemista Historia mínima del País Vasco http://elpolemista.blogspot.com.es/2014/04/historia-minima-del-pais-vasco-de-jon.html y otros libros relacionados con los temas con esta reseña en el índice http://elpolemista.blogspot.com.es/2015/12/indice-completo-de-el-polemista-hasta.html









2 comentarios:

  1. La verdad es que tengo mucha curiosidad por leerlo. Siempre me han llamado la atención dos capacidades de algunos intelectuales: una, la de estar en posesión absoluta de la verdad tanto si dicen una cosa como si dicen la contraria y otra, como bien señala el autor, la de saber localizar siempre, por muy nublado que esté el cielo, el sol que más calienta.
    Sí que es cierto que autores como Savater o Pérez-Reverte hablan mucho y de muchas cosas, por lo que es fácil pillarles contradicciones y sofismas, y es una pena, porque así los motivos que haya para admirarles quedan disminuidos.
    En fin, ya veremos qué dice de ellos el señor Sánchez Cuenca.

    ResponderEliminar
  2. Populismo. El veto de los pueblos de Jorge Verstrynge, y, otra defensa del populismo en EL POLEMISTA: http://elpolemista.blogspot.com.es/2017/02/populismo-el-veto-de-los-pueblos-de.html

    ResponderEliminar